Escudriñar tu alma y encontrar sólo blancos y negros. No más grises. No más color.
Sentir que se va, como la inspiración cuando intentas exprimirla. Sentir que te desvaneces poco a poco, que te divides, que no serás más que medio tú, como la media naranja de alguien porque tu media naranja se está escapando.
Y no hay más llantos, no hay más dolor. Sólo blancos y negros.
Sólo indiferencia, sólo ficción. Porque la realidad es demasiado asfixiante a veces, demasiado cínica, cautivándonos con el miedo a la muerte, el miedo al ridículo y el miedo al fracaso.
Miedo.
No más grises por el miedo, no más términos medios.
Sólo blancos y negros.
Buscando
viernes, 5 de julio de 2013
domingo, 2 de junio de 2013
Locura
Negociaré con su silencio por una más de sus sonrisas. Adoptaría a la locura a cambio de otra mirada. Otro beso.
Derrocharé la poca cordura que quiso dejarme, en revivir estúpidos recuerdos que me sumerjan de nuevo en su pelo. En su olor.
En sus labios.
En mi amargura.
Derrocharé la poca cordura que quiso dejarme, en revivir estúpidos recuerdos que me sumerjan de nuevo en su pelo. En su olor.
En sus labios.
En mi amargura.
martes, 29 de enero de 2013
Mordiscos y sonrisas.
En su bolsillo tu sonrisa, cansada de masticar un mundo infumable.
En sus ojos el reflejo de los tuyos, tus sueños, tus aspiraciones.
En sus labios tus pasiones, tus deseos.
En ella, tus ganas de seguir masticando y comerte el mundo. Seguir disfrutando.
Seguir viviendo, para poder continuar con tus ojos perdidos en los suyos.
Porque eso... eso sí que es vida.
En sus ojos el reflejo de los tuyos, tus sueños, tus aspiraciones.
En sus labios tus pasiones, tus deseos.
En ella, tus ganas de seguir masticando y comerte el mundo. Seguir disfrutando.
Seguir viviendo, para poder continuar con tus ojos perdidos en los suyos.
Porque eso... eso sí que es vida.
domingo, 18 de noviembre de 2012
A saltos y chupitos.
La vida es como un cubata de
vodka-limón.
Igual de simple y frágil. Un
resbalón, un codazo, un golpecito.. Y adiós copa.
¿Vaso medio lleno? ¿Vaso medio vacío?
Da igual. Misma cantidad de vodka. Simplemente, está más o menos rebajado.
Más o menos dulce. Pero sigue siendo vodka.
¿Y si no hay fanta? Chupitazo. Del
vaso a la garganta.
Mueca y fuera. A seguir sonriendo.
Y así es la vida. A veces más jodida,
a veces más cómoda. Pero es vida. Tanto el del chupito como el de
la copa se beben el mismo vodka y con la misma cara.
Así es. Día malo, mueca. Pero pa
dentro y a seguir sonriendo. Bébete la vida, con mezcla o sin
mezcla, pero bébetela.
Bébetela sea dulce o amarga, y
disfrútala. Bébetela como si fuera esa única copa que tienes para
toda la noche.
lunes, 17 de septiembre de 2012
Noches de olvido
Sentía que el aire se escapaba de su boca, como el último hálito de vida.
¿Sería acaso su última noche? Tras tantas cosas vividas, ¿todo terminaría así?
Intentó dejar de pensar en ello. "Un día más"- pensó. "Sobrevive un día más".
Abrió los ojos con miedo, con miedo de encontrarse en su tumba, en el olvido. Sin embargo, sólo veía estrellas. Intentó levantarse, pero le dolía todo el cuerpo. Tenía los brazos entumecidos, las piernas destrozadas y los ojos cansados.
Miró a un lado, y se encontró en un callejón. "Cómo cojones habré llegado a esta mítica escena de película".
Cubos de basura. Plásticos. Vapor saliendo de las alcantarillas. Cajas, mendigos y olor a vómito.
Y ahí estaba a su lado, su más fiel y vieja compañera nocturna... Su petaca. Su maldición.
Comenzó a recordar poco a poco, sintiendo ese típico pinchazo en la cabeza al tirar del hilo de la memoria. Empezó a abrir puerta a puerta los recuerdos de la noche anterior, redescubriendo lagunas que ni él mismo querría navegar. Y llegó a la causa de su patética situación.
Llegó a su voz. Sus miradas. Sus sonrisas.
Su todo.
Llegó a su perdición.
Miró el reloj, no eran más de las 6 de la mañana cuando decidió recoger su vieja petaca y olvidar su dignidad para siempre.
Estúpido masoca.
Sobrevivió un día más, para seguir torturándose.
¿Sería acaso su última noche? Tras tantas cosas vividas, ¿todo terminaría así?
Intentó dejar de pensar en ello. "Un día más"- pensó. "Sobrevive un día más".
Abrió los ojos con miedo, con miedo de encontrarse en su tumba, en el olvido. Sin embargo, sólo veía estrellas. Intentó levantarse, pero le dolía todo el cuerpo. Tenía los brazos entumecidos, las piernas destrozadas y los ojos cansados.
Miró a un lado, y se encontró en un callejón. "Cómo cojones habré llegado a esta mítica escena de película".
Cubos de basura. Plásticos. Vapor saliendo de las alcantarillas. Cajas, mendigos y olor a vómito.
Y ahí estaba a su lado, su más fiel y vieja compañera nocturna... Su petaca. Su maldición.
Comenzó a recordar poco a poco, sintiendo ese típico pinchazo en la cabeza al tirar del hilo de la memoria. Empezó a abrir puerta a puerta los recuerdos de la noche anterior, redescubriendo lagunas que ni él mismo querría navegar. Y llegó a la causa de su patética situación.
Llegó a su voz. Sus miradas. Sus sonrisas.
Su todo.
Llegó a su perdición.
Miró el reloj, no eran más de las 6 de la mañana cuando decidió recoger su vieja petaca y olvidar su dignidad para siempre.
Estúpido masoca.
Sobrevivió un día más, para seguir torturándose.
jueves, 16 de agosto de 2012
Fingiendo
La brisa zarandeaba mi pelo. Sonaba Ludovico de fondo, y mi mente... Mi mente intentaba escapar.
Fluían por mi cabeza miles y miles de reflexiones impulsadas por el sonido del viento, bailando al son de la música.
Quizás grandes artistas, escritores o filósofos habían pasado por este momento, esta lluvia de sensaciones y sentimientos... Pero yo lo detestaba.
No quería ponerme melancólico, eso siempre significaba que algo iba mal.
Cerré los ojos y dejé que mi alma se escabullera, que se sintiera fuera de su pequeño contenedor, que pensara libre sin estúpidos intereses de por medio. Dejé que pensara por sí misma, y a la vez, por mi también.
Qué escena tan ridícula. Y aún así, funcionó.
Poco a poco, la ira se fue difuminando en favor de la indiferencia.
Qué triste es la indiferencia cuando se es tan joven...
Qué triste, y qué falsa. Pero por otra parte, qué eficaz. Te ayuda a evadirte, sentirte mejor, fingir que olvidas, que no te importa.
Al fin y al cabo, esta vida consiste en fingir a todas horas.
La sinceridad siempre lleva a una situación peor, o al menos, trae consigo sentimientos más fuertes, más sinceros, valga la redundancia.
Sentimientos mas complicados de encajar, evadir o afrontar..
Poca gente tiene los cojones de afrontar sus sentimientos. Cada vez que tú los encaras, los sacas a la luz, tu entorno finge. Finge con respuestas estúpidas, con gilipolleces que quieres oir. Entonces, tú finges que esa respuesta te agrada, que no te importa y te da igual. Y vuelta a la indiferencia, al olvido.
Cuántos bucles sin sentido crea la humanidad por no enfrentarse a sus miedos. Sus miedos a equivocarse y al qué dirán.
Cuánta estupidez.
Fluían por mi cabeza miles y miles de reflexiones impulsadas por el sonido del viento, bailando al son de la música.
Quizás grandes artistas, escritores o filósofos habían pasado por este momento, esta lluvia de sensaciones y sentimientos... Pero yo lo detestaba.
No quería ponerme melancólico, eso siempre significaba que algo iba mal.
Cerré los ojos y dejé que mi alma se escabullera, que se sintiera fuera de su pequeño contenedor, que pensara libre sin estúpidos intereses de por medio. Dejé que pensara por sí misma, y a la vez, por mi también.
Qué escena tan ridícula. Y aún así, funcionó.
Poco a poco, la ira se fue difuminando en favor de la indiferencia.
Qué triste es la indiferencia cuando se es tan joven...
Qué triste, y qué falsa. Pero por otra parte, qué eficaz. Te ayuda a evadirte, sentirte mejor, fingir que olvidas, que no te importa.
Al fin y al cabo, esta vida consiste en fingir a todas horas.
La sinceridad siempre lleva a una situación peor, o al menos, trae consigo sentimientos más fuertes, más sinceros, valga la redundancia.
Sentimientos mas complicados de encajar, evadir o afrontar..
Poca gente tiene los cojones de afrontar sus sentimientos. Cada vez que tú los encaras, los sacas a la luz, tu entorno finge. Finge con respuestas estúpidas, con gilipolleces que quieres oir. Entonces, tú finges que esa respuesta te agrada, que no te importa y te da igual. Y vuelta a la indiferencia, al olvido.
Cuántos bucles sin sentido crea la humanidad por no enfrentarse a sus miedos. Sus miedos a equivocarse y al qué dirán.
Cuánta estupidez.
viernes, 20 de julio de 2012
El videoclip de nuestras vidas
Despertó en la barra; discreta almohada de tantas noches sin sentido, tantas noches en busca de una razón para seguir. Razones que siempre terminaban ahogadas en el fondo de unas 7 copas. Y esta noche, no había sido diferente.
Estaba sediento.
Miró a un lado. Nada.
Miró al otro. Dos banquetas vacías, una copa a medio terminar y una guapa camarera con una sonrisa en los labios.
No era una sonrisa de agrado, era más bien de lástima. Le apenaba ver a aquel chico, tan joven, con tanto por delante, destrozando su vida noche a noche a tanta velocidad, sin tiempo para mirar a su alrededor y darse cuenta del error que estaba cometiendo.
Esa amarga sonrisa le devolvió a la dura realidad.
Mató la copa de un trago. Recordó poco a poco, qué era lo que le había llevado a aquel bar de mala muerte. Recordó que se había prometido no volver, no dejarse llevar de nuevo.
Se levantó. Pagó, con una buena propina de regalo para aquella joven y se largó. Decidió irse andando a casa, observando la noche, recorriendo las calles y acariciando miles de sensaciones que le venían con el recuerdo de cada canción, cada esquina de su ciudad.
Se sentía inmerso en un videoclip de alguna típica canción que habla de lo que había sido y lo que será; de amores eternos, lúdicos, fantásticos. Mentiras.
Las anaranjadas luces de las farolas iluminaban cada recoveco de la calle, daban brillo a sus llorosos ojos y ambientaban más aún su pequeño corto.
Huyó de las luces, huyó de todo lo que le hiciera enfrascarse en ese videoclip, esa canción, esas mentiras. Necesitaba huir de ella. Y así, poco a poco se aventuró a entrar a oscuros callejones, aunque no más oscuros que su triste corazón.
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