viernes, 20 de julio de 2012
El videoclip de nuestras vidas
Despertó en la barra; discreta almohada de tantas noches sin sentido, tantas noches en busca de una razón para seguir. Razones que siempre terminaban ahogadas en el fondo de unas 7 copas. Y esta noche, no había sido diferente.
Estaba sediento.
Miró a un lado. Nada.
Miró al otro. Dos banquetas vacías, una copa a medio terminar y una guapa camarera con una sonrisa en los labios.
No era una sonrisa de agrado, era más bien de lástima. Le apenaba ver a aquel chico, tan joven, con tanto por delante, destrozando su vida noche a noche a tanta velocidad, sin tiempo para mirar a su alrededor y darse cuenta del error que estaba cometiendo.
Esa amarga sonrisa le devolvió a la dura realidad.
Mató la copa de un trago. Recordó poco a poco, qué era lo que le había llevado a aquel bar de mala muerte. Recordó que se había prometido no volver, no dejarse llevar de nuevo.
Se levantó. Pagó, con una buena propina de regalo para aquella joven y se largó. Decidió irse andando a casa, observando la noche, recorriendo las calles y acariciando miles de sensaciones que le venían con el recuerdo de cada canción, cada esquina de su ciudad.
Se sentía inmerso en un videoclip de alguna típica canción que habla de lo que había sido y lo que será; de amores eternos, lúdicos, fantásticos. Mentiras.
Las anaranjadas luces de las farolas iluminaban cada recoveco de la calle, daban brillo a sus llorosos ojos y ambientaban más aún su pequeño corto.
Huyó de las luces, huyó de todo lo que le hiciera enfrascarse en ese videoclip, esa canción, esas mentiras. Necesitaba huir de ella. Y así, poco a poco se aventuró a entrar a oscuros callejones, aunque no más oscuros que su triste corazón.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario