Qué creías, ¿que no podría contigo?, ¿que eso no estaba hecho para ti?, ¿que pasarías por delante, sin más?
Pues ya ves que no.
Pensabas que era fácil, que sólo los estúpidos y los ciegos tropezaban en un escalón tan obvio. Tan obvio y... tan bonito, y llamativo. Tan llamativo, que te atrajo de tal forma que no lo viste venir... Y sí, te tropezaste como todos, ¡imbécil! Y es en ese momento.
Es en ese preciso momento cuando te das cuenta de que eres más débil de lo que pensabas. No eres el tipo duro que ves frente al espejo cada mañana, no. No eres diferente, si no todo lo contrario.
Eres igual de suicida que toda la humanidad.
Visto desde el suelo, aquel escalón no es tan bonito, ni llamativo. Es incluso patético, porque te sigue pareciendo taaan obvio, tan fácil de verlo venir...
Pero da igual. Toca levantarse, y lo haces como el que se tropieza en la calle después de un traspiés; avergonzado, ligeramente humillado, pero con la cabeza bien alta. Pensando ingenuamente que, ahora sí, no volverás a caer.
Bah, estúpido ser.
No hay comentarios:
Publicar un comentario